El lunes 24 de agosto de 2026 emitimos el último episodio de Un billete a Chattanooga.
Después de más de siete años, 360 episodios y cientos de horas de directo, se acabó algo que durante muchísimo tiempo ha formado parte de nuestra rutina.
Cada lunes había un UBAC. Unas semanas nos sentábamos nosotros solos a hablar de nuestras cosas y, un lunes sí y otro no, invitábamos a alguien interesante a subir al tren con nosotros.
Empezamos a emitir el 14 de mayo de 2019. No solo hablábamos de diseño, marketing, branding, negocios online, WordPress… sino de nuestras cosas cotidianas, nuestra familia, nuestros pensamientos y creencias… aunque no tuviera nada que ver con vivir de internet.
No teníamos ni idea de que aquello iba a durar hasta agosto de 2026.
Por qué empezamos
Un billete a Chattanooga nació porque Pablo y yo hablábamos de vez en cuando por teléfono y pensamos que si esa conversación era interesante para nosotros, también lo sería para la gente como nosotros.
Pablo ya tenía experiencia con otros podcast, así que la parte técnica estaba más que resuelta.
Nos apetecía tener un espacio para hablar de nuestras profesiones, de lo que estábamos haciendo, de lo que aprendíamos y de las cosas que nos llamaban la atención. Y queríamos hacerlo en directo, sin demasiada producción y dejando sitio para que la conversación se fuera por donde tuviera que ir.
También queríamos traer a gente que supiera más que nosotros de muchas cosas.
Así nació la idea de algo que hicimos desde el principio: que cada dos semanas se subiera alguien al tren. Por UBAC han pasado profesionales del diseño, desarrollo, marketing, contenidos, negocio, hosting, WordPress y un montón de disciplinas que probablemente ni siquiera habíamos imaginado cuando empezamos.
El resto de los lunes estábamos Pablo y yo.
Y creo que esa mezcla fue una parte importante del programa: algunas semanas entrevistábamos a alguien y otras simplemente nos sentábamos a contar qué estábamos haciendo, qué nos preocupaba o qué habíamos aprendido desde el programa anterior.
Siete años dan para mucho
360 episodios son muchas conversaciones.
Por el programa han pasado, sobre todo, nuestros amigos. Y también otras personas a las que admirábamos y a las que invitábamos para aprender de ellas y, de paso, aprovecharnos de su alcance. Con todo el morro. Y nunca nadie nos dijo que no.
Nos hablaron de proyectos que estaban empezando y que hoy son completamente distintos, de tecnologías que parecían importantísimas y prácticamente han desaparecido, y de temas que en 2019 ni siquiera estaban sobre la mesa.
Nosotros también hemos cambiado muchísimo.
Cuando escucho algunos programas antiguos me doy cuenta de cuánto han evolucionado nuestras profesiones, pero también de cuánto hemos aprendido nosotros durante este tiempo.
Porque una de las mejores cosas de tener un pódcast es que tienes una excusa estupenda para sentarte durante una hora con alguien interesante y hacerle todas las preguntas que quieras.
Y nosotros hemos tenido esa excusa durante siete años.
Por qué terminamos
Porque ha llegado el momento.
Cuando llegamos al episodio 180 nos dimos cuenta de que habíamos llegado a Chattanooga y nos dábamos la vuelta (de 180 grados), así que volvíamos a casa. Y con el episodio 360, se cierra el círculo. Ya no puede haber más episodios.
Era una señal: el proyecto había cumplido su ciclo.
Y los dos estuvimos de acuerdo en que no hace falta esperar a que algo deje de funcionar, nos cansemos de hacerlo o termine convirtiéndose en una obligación.
UBAC ha tenido siete años estupendos. Preferíamos despedirlo así. Rodeados de las cuatro mil escuchas mensuales, con los miles de Chattanoogers de todo el mundo pidiendo los bises.
Lo que me llevo
Me llevo, sobre todo, a muchísima gente.
Personas que nos han dejado comentarios o nos han dicho en los eventos que les hemos ayudado a tomar alguna decisión importante en su vida.
Me llevo también todo lo que he aprendido. No solo sobre los temas de los que hablábamos, sino sobre preguntar, escuchar, improvisar, explicar ideas y mantener una conversación en directo cuando no tienes ni idea de cuál va a ser la siguiente frase.
Y me llevo haber construido algo durante siete años.
En internet estamos acostumbrados a empezar cosas continuamente. Mantener el mismo proyecto durante 360 episodios tiene algo especial.
Y, por supuesto, me llevo haberlo hecho con Pablo.
Pablo y yo somos amigos. No somos dos profesionales que se asociaron para tener un proyecto monetizable en común. Aunque es verdad que hemos ganado dinero con los patrocinios.
Pero no lo hacíamos por eso. Todo era verdad. Las risas, las conversaciones, las escaletas improvisadas… Todo era real, incluso en los últimos años, cuando nos hemos ayudado mucho de la IA. Hacíamos lo que de verdad nos interesaba hacer y hablábamos de lo que de verdad nos apetecía hablar.
Y esa verdad, como en la buena comedia, se transmite al público. Y engancha.
Creo que era una de las cosas más valiosas de UBAC y, al mismo tiempo, la más fácil de conseguir, porque no teníamos que trabajarla. Simplemente estaba ahí.
La verdad es que no recuerdo haber tenido ningún desacuerdo. Todo fluía, no nos costaba nada tomar decisiones, simplemente lo hacíamos y ya está.
No se me ocurre mejor compañero de viaje.
El tren se queda aquí
La semana que viene será raro que llegue el lunes y no haya UBAC.
Pero los 360 episodios se quedan ahí.
Como una especie de archivo de siete años de nuestras profesiones, de la comunidad que nos rodeaba y también de nosotros mismos en diferentes momentos de nuestras vidas.
Cuando empezamos aquel primer programa en mayo de 2019 no sabíamos hasta dónde iba a llegar el tren.
Ha llegado bastante más lejos de lo que imaginábamos.
Y esta era nuestra parada, nos bajamos aquí.
Hasta aquí mi parte. Pero este tren siempre ha tenido dos maquinistas. Ahora le toca a Pablo.
Desde las cocheras
Me llevo muchísimo de este viaje. Sobre todo, las conversaciones. Las que quedaron grabadas y las que continuaron cuando se apagaron los micrófonos (incluso en las escenas postcréditos).
Las amistades que ya estaban cuando empezamos y las que aparecieron gracias al programa. Y también esa extraña sensación de haber construido, lunes tras lunes, un pequeño lugar al que daba gusto volver.
Gracias a todas las personas que alguna vez se subieron al tren como invitadas.
Gracias a quienes nos escuchasteis desde el principio, a quienes llegasteis a mitad del recorrido y a quienes descubristeis Chattanooga hace apenas unas semanas. Porque un podcast son voces hablando, pero solo existe de verdad cuando hay alguien al otro lado escuchando.
Y gracias sobre todo a Ana por haberme permitido aprender a su lado. Pocas personas en el mundo pueden hacerte disfrutar de un viaje tan largo sin discusiones, reproches y dudas. Siempre dimos los pasos adelante que nos permitían seguir viajando cómodos. No pudo haber mejor co-maquinista.
Chattanooga nunca fue el destino. Lo importante era tener una excusa para seguir comprando billetes, conocer gente interesante y disfrutar del paisaje en movimiento durante siete años.
Hoy guardamos los micrófonos y nos bajamos del tren. Con un poco de pena, claro. Pero sobre todo con una enorme sonrisa por todo lo que ha ocurrido durante el viaje.
Gracias por acompañarnos y ser parte activa de la aventura.
Ha sido un viaje maravilloso.
Hasta siempre.